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Today: Julio 25, 2016

Agenda

Crecemos juntos

Cuando tienes un hijo, una hija, tienes la intensión de que crezca. Antes de que nacieran tenías unas ideas... que una vez nacen se confirman... ¿o no?   ¿Crecemos junto con los hijos e hijas q....

Próximo taller on line

El próximo taller virtual para padres y madres está operativo el día 25 de diciembre de 2011. Este es el lugar indicado, el lugar dónde encontrar la dirección armónica en la relación con tus hi....

Encuesta

Una "torta a tiempo" es una victoria
 

"Los niños no obedecen, imitan."

Un poco de Paz PDF Imprimir Correo electrónico

Crecí en una batalla campal, que continuó muchos años después de mi adultez. En mi casa había una guerra civil, entre mi padre y mi madre, sólo que ellos no fueron conscientes de ella hasta mi marcha y la de mis hermanos y hermanas. Entonces ya no podían proyectar su odio y violenci en nosotros y se la proyectaban mutuamente. Permanecían unidos, y me ayudaron a comprender que el odio también une, y con una potencia tal vez igual de fuerte o aún mayor que la del amor.


Mi padre en un intento de educarme para la paz (no conocía los preceptos de Marcy Axness, PhD) me decía: “no cojas las cosas por dónde queman”, una metáfora para pedirme que tuviera paciencia con mi madre. Él me golpeó físicamente, y hasta muchos años después no comprendía que esa frasesita era un golpe emocional. Mi madre me golpeó psicológicamente muchisimo, y cuando todos nos fuimos, el receptor de esos golpes fue mi padre. Entonces se dio cuenta que el “caldero” que me pedía que cogiera por dónde no quemaba, no tenía asas, y era imprescindible crear un paño con el que “sacarlo del fuego”.


Las peores guerras, las que se viven dentro del hogar, son las que menos cobertura y ayuda reciben. El desconocimiento de otros modos de actuar tal vez desestabilizaría un mundo basado en la ley de la obediencia. Una familia que sepa convivir por consenso y extienda su modelo, tal vez y solo tal vez, ponga en peligro la estabilidad de un mundo donde unos mandan y otros obedecen, quejándose o sin rechistar.


Marcy Axness, PhD, hace un doctorado en desarrollo humano cuando sus hijos están en el colegio, y decide que va a orientar a familias en la labor de criar para la paz. Me pareció muy interesante su visión y las herramientas que propone, así que voy a poner un pequeño resumen de ellas. En este enlace puedes ver su web.


Paso 1: Se un investigador contemplativo: El comportamiento de los niños y niñas a veces es su modo de contarnos algo que ellos vivieron en la concepción, en el embarazo o en sus primeros años de vida. Algo de lo que no hemos hablado con ellos y de lo que no han podido expresar su modo de sentirlo y vivirlo. Sentir su comportamiento en nuestro interior puede activar la pista acerca de lo que aún no hemos expresado mutuamente. Del miedo o la culpa que sentimos acerca de ese hecho.


Paso 2: Elige las palabras que vas a usar para expresar esa situación que permanece sin comunicarse expresamente. Siéntete seguro-segura de lo que vas a decir y de tus emociones acerca del tema.


Paso 3: Siéntete cómodo-cómoda con tus palabras: Procesa el material que quieres compartir con tu hijo-hija hasta que las emociones no te sobrepasen. La psiquiatra Myriam Szejer (trabajadora de una unidad neonatal) dice que el milagro de la sanación a veces sucede simplemente hablando acerca de las -usualmente difíciles- experiencias perinatales. Para hacerlo con serenidad, imagina que estás con tu hijo-hija y cuentaselo varias veces. Así el disparador emocional irá bajando en intensidad, hasta que puedas hablar de forma calmada acerca de todo lo sucedido. Siéntete confortable y cómoda-cómodo con la historia antes de “dársela” a tus hijos-hijas.


Paso 4: Declaraciones de cariño: Haz declaraciones acerca de cuánto amas a tu hijo-hija. Comparte lo mucho que le quieres por el simple hecho de ser él/ella misma. Recuerdos de situaciones en las que tu amor y el de las demás personas de la familia, crecen junto a él/ella.

En este punto quiero añadir, de mi propia cosecha, que me parece importante que no sólo sean cosas “positivas”, sino que se incluyan emociones consideradas “negativas”. Por ejemplo: “recuerdas aquel día que te enfadaste muchísimo con … . Incluso ahí te amé aún más, porque estabas sintiendo en profundidad toda tu emoción”. La idea es trasladar el hecho de que le amamos al completo, no sólo la parte “positiva”.


Paso 5: Declaraciones acerca del problema: Definir lo más claramente posible el problema y lo que pensamos y sentimos en relación a él. Por ejemplo: “He visto tu habitación y me pregunto cómo encuentras la ropa que vas a usar cada día”. O bien: “la abuela me ha contado que estaba sorprendida y dolida después de escuchar las palabras …. “

De mi cosecha en este punto, añado que es importante conocer también cómo se siente tu hijo-hija al respecto. Marshal Rosemberg dice que es importante conocer las necesidades de cada persona y hacer un recorrido para encontrar el modo de satisfacerlas, aunque parezcan incompatibles.


Paso 6: Interpretación/propuesta de solución: Expresar claramente nuestra hipótesis acerca de los motivos por los cuales ha sucedido esto. Puede incluir la conversación que teníamos pendiente y que hemos detectado en el paso uno. Hacer algunas propuestas de solución. En ocasiones son situaciones que no se pueden cambiar, como una separación, o la muerte de un ser querido. Ahí lo necesario es ayudar a aceptar la situación y las emociones que genera.

En este punto, de nuevo de mi cosecha en base a otras lecturas, pediría tormenta de ideas para encontrar un modo adecuado de satisfacer las necesidades de todas las personas implicadas en la situación.


Paso 7: Reafirmación del amor y apoyo: Terminamos nuevamente con frases que expresan cuanto le amamos por ser él/ella.



¿Les parece que estos siete pasos pueden conducir a relaciones que construyan paz?


Teresa García.

 

Psicologa.


 
Las tres bendiciones PDF Imprimir Correo electrónico

Los primeros días y meses de vida de nuestras criaturas los pasamos en una especie de enamoramiento en el que sólo vemos los grandes logros que están consiguiendo. Hablamos con todas las personas (que han tenido hijos, a los demás les aburre normalmente) de cada pequeño logro, una sonrisa, un balbuceo, la primera vez que se pone de pié, los primeros dientes… etc.


Coexiste el cansancio por el ritmo de sueño del bebé, que aún no se ha acoplado al nuestro. El miedo cuando lloran y no sabemos qué le pasa. Y la cantidad de tareas que van quedando pendientes en casa.


En un momento dado, no para todos los niños y niñas a la misma edad, va yendo a menos lo maravilloso que vemos en la (p)Maternidad y comienza a crecer lo “negativo”. Y no me extraña que sea así en una inmensa mayoría, ya que nuestro cerebro está programado, altamente programado diría yo, para concentrarse en lo negativo. Sólo es necesario asomarse a las noticias para comprobar que las positivas rara vez son noticias. Y que las publicaciones que hablan de grandes casas y mansiones, suelen estar asociadas a la llamada “prensa rosa” o “prensa del corazón”. Suelen llevar la carga de “cotilleos” y de que así no es la vida real… Tal vez no creemos que pueda serlo.


Martin Seligman decide que va a ser quién ponga en la psicología el punto positivo y se ha dedicado a investigar duramente el tema. Es el creador de la psicología positiva. Hoy quiero compartir con todos los padres y madres que leen mi web un ejercicio que él recomienda, y que considero que ayudará a mejorar la convivencia familiar. Él lo recomienda en general, y yo me voy a permitir una pequeña “licencia” y recomendarlo en relación a cada uno de nuestros hijos-hijas.


El ejercicio consta de tres pasos a seguir cada noche antes de irte a dormir:

  • Piensa en tres cosas que te hayan gustado en el día con tus peques.

  • Escríbelas.

  • Reflexiona acerca del porqué han sucedido.


En el tercer punto está lo más importante y puede incluso cambiar algo que considerábamos negativo a positivo. Supón que tu hijo-hija estuvo mucho tiempo enfadado porque quería pasar más tiempo jugando en el parque y tú no podías. Está mostrándote la potencia que empleará en conseguir cualquier objetivo que se proponga.

Ahora bien, durante el día, estoy segura que encontrarás al menos tres cosas positivas que has vivido como madre-padre.

 

En este vídeo el mismo Seligman explica los motivos por los que considera necesario usar diariamente las tres bendiciones. Yo simplemente he añadido la idea de usarlo en la convivencia con nuestros hijos e hijas.

 

Teresa García

Psicóloga clínica.

 
Hablando de límites PDF Imprimir Correo electrónico

Los famosos límites cuando hablamos de educación... Me pregunto si en arquitectura son tan controvertidos los límites y me respondo que no. En esa disciplina son necesarios. Definen dónde se colocará una pared y dónde una ventana, columna, puerta, etc...

En decoración tampoco encuentro dificultades, simplemente definen dónde colocar un dormitorio, un sofá, una cocina...

En moda comienzan a ser más controvertido... depende de si eres mujer u hombre no de la comodidad. Estos días estuvimos en un hotel y mientras leíamos las normas de uso del comedor pensaba en los motivos por los que un hombre no podía llevar pantalón corto en la cena, o camisa de tiros, mientras que una mujer no tenía limitaciones en cuanto a qué usar. Supongo que el criterio aquí está relacionado con la educación y que es "de mal gusto" que un hombre enseñe los pies o los hombros durante la cena.

En circulación los límites están bastante claros y existen señales continuamente para mostrarlos. Sin embargo son límites poco respetados, bien sea por despiste, por inconsciencia, por baja percepción de riesgo...

¿Qué tienen en común todos los límites de los que he hablado? Pues que son arbitrarios, alguien decide dónde se coloca una pared, dónde una cortina, dónde ...

- ¿Qué cambia cuando hablamos de niños y niñas?

Los seres vivos tenemos una sensibilidad que depende de nuestro sistema. Mi capacidad para hablar es diferente cada día y dentro del día cada hora. Así un día podemos escuchar el llanto de una persona durante diez minutos como máximo y hay días que nuestro límite está en tres o cuatro horas. No tenemos un límite fijo.

Cuando estamos en un lugar que tiene unos "límites" incompatibles con los míos se desarrolla un estrés adaptativo. Si el lugar sobrepasa nuestra capacidad de adaptación pueden generarse una enfermedad. Una persona como Nelson Mandela puede superar unos límites que la persona común no puede, pero no por falta de capacidad, sino porque ni siquiera sabe que esa capacidad todas las personas podemos desarrollarla.

- ¿Sabe una persona la capacidad de adaptación de su bebé?

Evidentemente no. Es necesario un autoconocimiento exhaustivo para conocer nuestro propio límite. Una ilusión fuerte para superar cada uno de ellos. Tu bebé acaba de nacer, no conoces los límites. Bueno sí... conocía los del útero, pero esos ya no están operativos. Y a medida que crece irá descubriendo, conociendo su cuerpo y la relación con el mundo exterior. Descubrirá cuales son los suyos. Y también cuales son los tuyos. No necesitas poner límites a tu pareja, sino que vas descubriendo con ella cuáles son. Y la convivencia muestra la adaptación mutua, de forma que unos límites se expanden y otros se contraen.

No existe diferencia con los niños y niñas. Ellos necesitan conocer sus propios limites y los tuyos. No necesitan que les impongas, y tampoco imponerlos. Necesitan descubrirlos. Saber que algunos pueden sobrepasarse y que otros no. Saber que tú tienes tu propio límite y que es variable, igual que el suyo, y que juntos encontrarán la fórmula para encajar mutuamente...

 

Teresa García.

Psicóloga.

 
Entonces.. ¿Me estás obligando? PDF Imprimir Correo electrónico

Con esta pregunta puedes sentirte desafiado como padre-madre, y no es para menos. Son preguntas que nosotros como niños y niñas teníamos prohibidas. Lo que se valoraba era la obediencia, y a un extremo tal que la desobediencia era calificada y aún lo es como enfermedad. Tal vez hemos olvidado, o simplemente no sabemos, que en la época de esclavitud en Estados Unidos de America, existía la drapetomanía, que afectaba a aquellos esclavos que querían ser libres.

- ¿Entonces que hago, no salgo de casa si mis hijos no quieren salir?

Los niños y niñas tienen necesidades, igual que los y las adultas. Y aún puede ser peor, puede que uno de tus hijos quiera salir y el otro quedarse en casa, y que aún no tengan edad para quedarse solos en casa. Se hace imprescindible una negociación en la que todos cedemos algo y todos ganamos algo.

- ¿Y qué respondes cuando te preguntan si le estás obligando?

Existen muchas respuestas posibles. Una de ellas puede ser ¿me estás obligando tú a mi a quedarme? Ahí comienza un dialogo. Puede que el niño o niña se sienta capaz para quedarse sólo en casa, pero nosotros sabemos que con cierta edad es un riesgo. Si toca alguien, un desconocido, si hay un accidente con agua o con electricidad... No es tan fácil antes de los doce o catorce años quedarse una horas solo en casa. Y muy probablemente si ya es la hora de salir, tampoco habrá disposición para hablar tranquilamente acerca de ello. Por lo tanto lo más práctico es hablar de ese tema en un momento de relax en casa.

Thomas Gordon propone que se hagan reuniones familiares semanales en las que la voz de cada uno es escuchada y se encuentran soluciones conjuntas a las necesidades familiares.

- Después de tomar las decisiones, olvidan que se tomaron...

Si, es algo bastante común y se enfadan si les obligamos a cumplirlas. En la medida de lo posible es importante no obligar al niño o niña a cumplir con lo que se ha comprometido. Es ahí dónde suele aparecer el "¿Entonces me vas a obligar?" al que podríamos responder con un ¿vas a obligarme tu a mi?

Si hay tiempo suficiente se convoca una reunión familiar de urgencia para valorar el funcionamiento de las decisiones tomadas en ese caso. Así todos pierden el hacer lo que les apetecía y todos ganan en cercanía y relaciones humanas.

- Esas soluciones llevan mucho tiempo, que ahora mismo no tenemos...

Tiempo tenemos todos el mismo, 24h por día. Dedicamos alguno al trabajo, a las tareas del hogar, a ver nuestros programas de televisión, a hablar con la pareja... ¿Cuanto tiempo dedicamos a conectar con nuestros hijos e hijas? ¿Cuanto les incluimos en las tareas como cocinar? Parece que estoy escuchando las respuestas... es que cocinar con ellos (lavar, ordenar, etc) es mucho más lento. O bien: "Cuando yo era niño-niña mi padre me decía lo que tenía que hacer y yo obedecía".

Y sí es cierto, nos falta entrenamiento en convivencia armónica y en toma de decisiones conjunta. Y esperamos que funcione con la misma facilidad y eficacia que la obediencia, pero, ni siquiera la obediencia tiene esa facilidad. Simplemente en nuestra cultura tiene muchos años de entrenamiento.

 

Teresa García.

Psicologa clínica.

 
Encontrando las 10 diferencias PDF Imprimir Correo electrónico

Una niña de aproximadamente nueve años está al cuidado de un hermano de cinco y una hermana de dos. Eran otros tiempos, año 1963, zona rural, a mas de media hora de cualquier centro de salud. Su madre está plantando millo (maíz) en las tierras de una vecina. Es una costumbre de supervivencia: todos los vecinos se reúnen y plantan la tierra de uno de ellos, y después la de otro.

La niña suele jugar con un primo mayor que ella, le dice algo que a él le molesta mucho y suelen acabar en pelea. Ese día el niño comienza a tirarle piedras y ella se esconde en una cocina techada con planchas. Entra una piedra pequeña entre las planchas y rebota en varias paredes, yendo a parar en la cabeza de la niña, para más señas en la región parietal derecha. Enseguida comienza a sangrar y ella sale corriendo a casa de las vecinas, dado que su madre no está, dejando sólo a sus hermanos. Una vecina trata de pararle la sangre durante un buen rato sin éxito. Finalmente consiguen pararlo con sal, no sé si ese método es realmente bueno, o que simplemente la sangre ya paró... Durante todo el proceso la niña no para de repetir: "tengo que irme, los niños están solos"

La madre mientras siente que algo va mal en casa y se marcha. Por supuesto en aquella época no existía teléfono móvil, así que recibió la sensación en su cuerpo... una de esas cosas inexplicables. Al llegar encuentra a los niños solos y después ya a su hija... Todo quedó en un "simple susto".

Sesenta años más tarde la nieta de esta niña, con nueve años está jugando en el patio de su cole. Ella hace el papel de "bruja mala" y otro niño (amigo de ella) tiene el papel de darle con una bomba (una pelota). El niño tiene aproximadamente dos años menos. Ella está al lado de una farola y la pelota impacta con la farola. La parte superior de la farola no está bien sujeta y cae en la cabeza de la niña. Le hace una herida de aproximadamente cinco milímetros, en la región parietal derecha (cuando abuela y nieta hablan tocan la misma zona exacta de la cabeza), que comienza a sangrar con intensidad. La madre está cerca y la niña abraza a su madre, que la ayuda a calmarse. Le hace un pequeño masaje de reflexoterapia poda y la sangre para. Después la lleva al centro de salud y la situación se salda con dos puntos que serán quitados en diez días.

 

Puede parecer una película, pero es lo que viví con mi hija el viernes pasado. Me he dedicado a encontrar las diferencias, ya que lo igual estaba bastante visible. Me pregunto si el árbol genealógico es realmente tan importante como parece, y si está lo suficientemente estudiado...

 

Teresa García.

 

 
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