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Today: Abril 24, 2014

Agenda

Crecemos juntos

Cuando tienes un hijo, una hija, tienes la intensión de que crezca. Antes de que nacieran tenías unas ideas... que una vez nacen se confirman... ¿o no?   ¿Crecemos junto con los hijos e hijas q....

Próximo taller on line

El próximo taller virtual para padres y madres está operativo el día 25 de diciembre de 2011. Este es el lugar indicado, el lugar dónde encontrar la dirección armónica en la relación con tus hi....

Padres y Madres Presencial Moya

Comenzamos nuevamente el taller presencial "Educar Sin Castigar" para padres y madres. Todos los padres quieren a sus hijos. Transmitirlo y educarles es una tarea, de gran responsabilidad. Es por el....

Padres y Madres Presencial Blossom

Nuevamente está en marcha el taller educar sin castigar, el lugar dónde recibes las herramientas de comunicación y relación, y sobre todo apoyo seguro y constante en las dudas que como padre o com....

Encuesta

Una "torta a tiempo" es una victoria
 

"Es necesario educar, para no castigar."

Me pega, ¿qué hago? PDF Imprimir Correo electrónico

Con esta frase comienzan varios talleres "Crecemos Juntos" dónde padres y madres pueden hablar libremente de su relación con sus peques. Nuestra respuesta (trabajamos dos personas en los talleres) va primero  a escuchar y conocer la emoción de la madre-padre que está recibiendo los golpes de su bebé. Nos preguntamos qué es lo que tanto les incomoda de un comportamiento natural en los primeros años de vida. No todos los niños-niñas lo pasan, pero sí que tenerlo no implica que haya un problema grave, más allá de estar aprendiendo la responsabilidad sobre sus propias emociones y el modo seguro de expresarlas. Una vez hecho esto, o a veces antes de hacerlo ya que en ocasiones las emociones son tan intensas que aconsejan "cambiar de tercio" para permitir "respirar", cuento mi propia experiencia.

Cuando mi hija tenía seis años comenzó a morderme en momentos de enfado y todas mis teorías acerca de qué hacer y recomendar en esos momentos se vinieron al piso. Explico normalmente que puede morder un cojín, un osito de peluche, pero que a mi me duele. Cuando lo decía tenía una rabia inmensa por dentro y claro eso se traducía en mi voz aunque yo tratara de evitarlo. Por si eso fuera poco la niña me miraba directamente a los ojos y yo interpretaba en su mirada muchísima rabia (hoy creo, ya a toro pasado, que sólo reflejaba la que yo estaba sintiendo) Sus motivos eran lícitos, no quería marcharse de un lugar dónde se estaba divirtiendo, no quería dejar algo para irse, y no funcionaba lo de avisarle con suficiente tiempo. Todas las herramientas respetuosas en un pozo, porque no hacían más que empeorar la situación. Y por supuesto usar premios y castigos para mí no era una opción, así que pasé algunos meses con los brazos a dos colores según el número de mordidas de la semana.

Tardé mucho tiempo en tener consciencia de qué era lo que tanto me molestaba. Es evidente que la mordida me dolía, mi piel no es de acero. Pero mi reacción emocional ante la mordida y el fracaso de mis técnicas respetuosas me parecía completamente desmesurada. Así que se convirtió para mí en uno de aquellos problemas de matemáticas que resolvía cuando era niña, leyéndolo, pensando que no tenía solución y yéndome a jugar mientras trataba de resolverlo en mi mente. Con las mates funcionaba fenomenal, y estaba segura que esto no sería la excepción. Un día recordé a mi padre explicándome porqué los padres y madres golpeaban a sus hijos para educarles. Yo siempre pregunté lo que no entendía así que como solía suceder puse a mi padre en un brete. Mi padre me decía que si no golpeaban a los niños-niñas, cuando estos crecieran y los padres fueran mayores sus hijos e hijas les golpearían. Ese recuerdo estaba tan escondido en mi mente que no había pensado en ello ni me había acordado más. De niña sentí mucho miedo a que mi padre (un hombre de 1,75 de estatura) me golpeara, pero además sentí miedo de ser violenta de mayor, de golpear a los padres ya ancianos. Ahí tenía la profecía de mi padre, nunca había golpeado a mi hija y ella estaba cumpliendo mi creencia y golpeándome, más allá de cualquier lógica.

Lloré, liberé todo mi miedo acumulado y me sentí serena y llena de vida, esperanza y seguridad otra vez. Mi niña volvió a morderme y evidentemente hubo dolor físico, pero no reacción emocional. Le avisé que me dolía, y le mostré el cerco de sus dientes en mi brazo. Mi peque me abrazó, pero a los pocos días lo hizo de nuevo. Continuaba sin querer expresar su emoción en un cojín o algo similar, pero cada vez mordía menos. En menos de una semana se autorreguló y dejó de hacerlo. Ella no quería técnicas, quería encontrar su propio modo de manejar su emoción. Necesitaba mi apoyo incondicional y yo necesitaba liberar mi propia emoción para poder regalárselo.

Por eso en nuestros talleres no encontrarás una regla fija, sino una escucha incondicional hacia todas las personas que están allí, independientemente de que edad o título (madre-padre hijo-hija) ostenten. Como decía Mafalda en ese tipo de títulos nos graduamos exactamente el mismo día.

 

Teresa García.

Psicóloga clínica.

 
La letra con sangre entra PDF Imprimir Correo electrónico

Esa frase la decían nuestros abuelos y tengo la sensación que es la expresión de varias creencias ancestrales: los niños no quieren aprender, son molestos, etc.

He estado leyendo el libro "Por fin libres" dónde se relata la historia de un niño (hoy hombre e ingeniero informático) que cada día iba a "Sudbury Valley", una escuela libre en EEUU, dónde no garantizan y de hecho no dan titulaciones. Esta persona me sorprendió profundamente, porque hasta que tuvo catorce años lo único que hacía era llegar a la "escuela" tomar sus instrumentos de pesca (la escuela tiene dentro un lago) e irse a pescar. No jugaba con otros niños, ni con adultos (tenía derecho a no socializar con sus compañeros sin ser condenado por ello)

Cada año su padre mostraba sus miedos al director, miedos que están grabados en el subconsciente desde hace muchos años. A final de curso las preguntas eran las mismas: ¿mi hijo está aprendiendo? ¿qué está aprendiendo? ¿algún día leerá? y las respuestas siempre las mismas o parecidas: su hijo está aprendiendo muchas cosas importantes en la vida como voluntad, concentración, dirección...

Un día se sorprendieron todos en la escuela porque el niño ya no estaba pescando. Lo encontraron estudiando porque quería ser ingeniero informático, así que aprendió a leer y por supuesto muchas más cosas, entre ellas unas matemáticas que para mi tienen mucho parecido con un laberinto, me pierdo dentro.

El director de la escuela y todos los profesionales que trabajan allí tienen la creencia contraria a la que abre este post, los niños y niñas quieren aprender y de hecho están continuamente aprendiendo. Existen suficientes ejemplos en nuestra cultura para mostrar que sólo aprendemos lo que nos interesa y que el resto podemos memorizarlo para obtener la "zanahoria" (aprobado, título, felicitación, etc) y olvidarlo a los pocos días.

Cuando esto pasa suelo recordar que la creencia es más potente que la realidad e impide que veas el aprendizaje que no está incluido en un libro de texto, porque nos toca admitir que creemos que todo lo hemos aprendido así. Aunque la amistad no aparece en ese tipo de libros, tampoco las relaciones humanas, la escucha, pelar las patatas, correr, caminar, hablar, escribir, comer, ducharse, nadar, ir en bici, patinar... La cosa es "tan así" que los niños de la calle en Brasil (sí, esos que no están escolarizados por vivir en condiciones muy malas de salud y vida) manejan mejor el dinero que los que están en la escuela.

Una creencia tiene la capacidad de hacerte olvidar que "la llevas puesta", como unas gafas de sol que permiten que no te deslumbres, pero que cuando entras en una habitación te hacen pensar que necesitas encender la luz, cuando lo primero sería quitarlas.

¿Alguna vez hiciste la prueba y trataste de descubrir si tu hijo-hija quiere o no aprender? ¿Qué harías con intensión de comprobarlo? ¿Estarías dispuesto-dispuesta a interpretar de otra forma? Por ejemplo cuando juega con un vídeo-juego puedes pensar que sólo le apetece jugar. ¿Te atreves a pensar que está aprendiendo a respetar las reglas?

 

Teresa García

Psicóloga clínica.

 
No cuestiones PDF Imprimir Correo electrónico

Mi nombre es compuesto y muchas personas creen que me conocen aunque en realidad sólo saben mi nombre. Creen que han aprendido a ser críticos pero van de la mano de la obediencia y esta es otra de sus características. No estoy en los libros de texto mas la acompaño en casi todas las escuelas, institutos y universidades.

Cuando decides no escolarizar, por ejemplo, aparezco y con potencia preguntando si estas seguro de hacer lo correcto. Que otros niños aprenderán cosas que tus hijos no. No sabes lo cierto que es lo que estás diciendo, porque yo voy de tu mano, impidiendo sentir algo diferente al miedo. Preguntas amargamente: ¿y qué pasa si mi hijo-hija no quiere leer y escribir con más de siete? La respuesta es que aprenderá más tarde cuando de verdad le interese.

Otra duda que probablemente mostrarás (seguro que muchas más habrá), ¿se reirán el resto de peques debido a lo que no sabe? Puede ser claro que eso también demuestra que han aprendido algo que posiblemente tu hijo-hija no sabe: hacer burla de quién es diferente.

Me necesitas en tu vida para sentirte seguro-segura pero a mi me apena comprender de dónde viene esa seguridad, de fuera, de los otros, que se sienten igual de inseguros. El cuerpo humano cambia con cada día de vida, enseñando con cariño y paciencia que lo único seguro en la vida es el cambio, las cuestiones, las preguntas, tal vez por eso siento pena por existir.

Observo como dependes del elogio y la valoración externa y pienso ¿qué ha pasado con la interna, ha muerto en alguna guerra? Al ratito me respondo: no es una guerra sino las consecuencias de quién me da la mano y me lleva, la obediencia.

Escucho con calma fingida como dices (abiertamente o en silencio) necesitar que alguien te diga lo bien que haces tu trabajo, y también que no cuestionas la autoridad que has decidido sabe la verdad. Interesante como funciona. En la mayoría de los casos aprendes que la autoridad competente es la ciencia, y si la ciencia corrobora la "veracidad" de lo que haces, entonces te sientes feliz.  Y yo pienso que no eres libre sino dependiente de la ciencia, pese a todos los fallos que ha tenido en los años que lleva vigente. Me das la mano, me necesitas y olvidas que los científicos suelen quemar en la hoguera del olvido a quién muestra que lo único seguro es el cambio.

Aún recuerdo un niño que amargamente me contaba, a mi porque el si me conocía, como se había enfadado y sentido una mierda y sus padres ni se habían enterado. Él estaba pensando que su hermana era más querida que él, y por lo tanto la hacía rabiar para hacerle "pagar" su infamia. Un día iba en el coche, sentado al lado de ella, perdido en sus pensamientos, maquinando el mejor modo de hacerle pagar por ser más querida que él. No sabe cuanto rato llevaba en silencio, cuando su madre le dio una felicitación por lo tranquilo que estaba y lo bien que se estaba comportando con su hermana. Su rabia se activó al instante, me contaba llorando, su madre no cuestionó qué le mantenía en silencio ni siquiera le importó. Sólo era feliz si su hermana estaba feliz. Con cierta rabia y odio hacia sí mismo relataba su experiencia. Sabía que lo que estaba pensando en silencio no era digno de elogio, y que por lo tanto él tampoco lo era, así que se sintió libre para dar rienda suelta a sus sentimientos, y comenzó a hacer lo único que podía, castigar a su hermana por ser tan querida.

Convivo con todas las personas, todos los días, pero no soy feliz con los resultados que proporciono en esta y en otras vidas.

 

Teresa García.

Psicóloga clínica.

 
Depresión post parto PDF Imprimir Correo electrónico

Yo si estoy en los libros de algunas carreras universitarias, sin embargo rara vez me conocen. No tengo una causa única y por supuesto soy diferente en cada persona. En este sentido me parezco a todos los nombres, que en realidad no designan a la misma persona. ¿Os imagináis un mundo en el que todas las Teresas son iguales? Ya, ya sé que no, que tontería, unas son altas otras no, unas de ojos claros y otras oscuros, y podría continuar...

Con mi nombre pasa igual... lo único igual cuando me acerco a varias personas es mi nombre. No nazco por las mismas causas, y por supuesto no tengo el mismo modo de actuar. Voy a describir a dos que han usado mis servicios, de ese modo constato las varias diferencias.

No paro de llorar.

Llego a la consulta de la psicóloga, ya con lo que se supone un diagnóstico, no puedo parar de llorar. Ella me escucha, me dice que está bien que llore cuanto necesite. ¡Cómo necesitaba que alguien no me condenara por estar triste cuando todo debería ser felicidad!. Yo misma no paro de hacerlo y de pensar el daño que hago a mi bebé.

Cuando me siento un poquito mejor comienza a preguntar por mi embarazo, cómo lo pasé. Le digo que es muy buscado y que de hecho había tenido varias fertilizaciones para llegar. Era la tercera vez, las dos anteriores no habían funcionado. Le digo que no fue grave, sino que simplemente los perdí. La psicóloga se asombra, porque en una de las pérdidas recuerdo exactamente la ropa que llevaba. Me pregunta si puedo recordar la ropa que llevaba el día antes o el día después y no, no consigo recordarlo. Ahí me dice ¿Y si no fue importante para ti, por qué recuerdas la ropa que llevabas?

Justo en ese momento mi llanto se activa de nuevo, todo el dolor y la decepción de haber perdido aquellos bebés. Me había convencido a mi misma de que no importaba, pero no era cierto, me sentía muy culpable, una fracasada y muchas otras cosas.

Después de este llanto me sentí reconfortada, y pude mirar a mi bebé sin llorar. Aún pasaron varios días hasta que pude realmente hacer contacto también con mi alegría. Quién me iba a decir que la solución no era dejar de llorar (lo que todos me decían, yo también) sino llorar y escuchar lo que había escondido en lo más profundo de mi misma.

 

He perdido la líbido.

Si ya sé, es un síntoma típico en las depresiones y si además coincide con el hecho de que acabas de dar a luz, pues claro ya tenemos los ingredientes para mi nombre. Es un aplanamiento afectivo. Yo también llego a la consulta de la psicóloga y le explico. Me escucha en silencio aunque percibo que tiene todos sus sentidos en mi historia.

No sé que me pasa y tengo un miedo terrible a perder mi pareja ya que él me pide sexo y yo no puedo, no lo siento. Le cuento que a veces tenemos discusiones por este tema, y en ocasiones cedo aunque no me apetezca para relajar la tensión que se genera. No consigo sentir alegría o pena, lo más cercano a una emoción es el miedo a perder mi pareja.

Hablamos de mí como hija y de como mi madre jugaba (o no) conmigo mientras yo era pequeña. De pronto un recuerdo llega a mi mente, tengo mucho miedo, mis padres están discutiendo y yo no sé que va a pasar. No podía decirle a otras personas lo que sucedía, ni siquiera lo sabía. Y mi madre decía que lo que pasaba en casa no se hablaba fuera. ¡Pero yo tengo miedo! Ella no escucha, está muy ocupada con sus cosas.

No me lo puedo creer, estoy sintiendo el mismo miedo que cuando tenía tres o cuatro añitos. Estoy descubriendo que me siento en peligro, donde en realidad pensaba que me sentía segura. ¿Qué pasó cuando nació mi bebé? ¿Descubrí que el peligro estaba en casa y no fuera?

 

 

No quiero generalizar ya lo dije al inicio, porque dos personas con el mismo nombre son completamente diferentes. Sólo explico dos de mis múltiples personalidades. Los síntomas no son iguales aunque se parezcan, y la investigación a veces es corta y otras muy larga. Si tienes cercanía con mi nombre, tal vez te convenga ir algo más allá de la superficie y descubrir quién soy en realidad.

 

Teresa García

Psicóloga clínica.

 
Colaboración PDF Imprimir Correo electrónico

Este es mi nombre, y me presento de la mano de la obediencia, tal vez lo describiría mejor con un "me oculto detrás de ella". Durante muchos años nos dicen que no compartamos nuestro conocimiento, bueno, más bien nuestra memorización con las personas que están a nuestro lado. Todos repiten lo que les dictan (casi todos) y avisan que sí ayudan al compañero le harán daño porque no aprenderá. Por eso digo que estoy oculta tras la obediencia.

Ciertamente todos están aprendiendo sin saberlo que colaborar tiene riesgos. La situación tiene alto contenido emocional, que propicia un aprendizaje muy rápido, así aseguran este aprendizaje. Además los que más saben escuchan todo el tiempo que los que no saben o son tontos o vagos que podrían "dar más" Yo sé que esos conceptos están equivocados, más de una y de dos veces quién recibe el comentario de "es inteligente pero no quiere" internamente cree que es tonto por no "llegar" a donde el profe quiere, aunque en realidad esa donde la obediencia quiere.

Termina el curso y todos han aprendido una lección imborrable y que por sí se pudiera borrar al año siguiente nuevamente la repetirán. En un mes de vacaciones casi todos saben los mismo. Tanto de conocimientos como de colaboración (de mi). Los conocimientos están en su mayoría olvidados, lo que iguala en conocimientos. También aprendieron a obedecer, por su propio bien. Pero sobre todo aprendieron a ocultarme tras la obediencia a la autoridad.

 

Teresa García.

Psicóloga clínica.

 
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